Por mi cuenta
Won Chan Lee*
Llegó el día de mi competencia. Fue un viaje largo, a veces frustrante y a veces lleno de alegría. En retrospectiva, valió la pena. El corazón me latía con fuerza mientras esperaba detrás del escenario. Había practicado durante meses para esos momentos breves. Mientras subía al escenario, se alzaba también una mezcla de emociones: sobre todo nerviosismo, pero también confianza, incertidumbre y, en verdad, un poco de orgullo. Aunque me equivoqué en algunos pasos, me alegra haber podido dar rienda suelta a mis movimientos. Mis expresiones corporales y faciales resultaron más naturales e invitantes. Los gritos de la audiencia intensificaban mis sentimientos y las sonrisas que se dibujaban en los rostros de los jueces aliviaban mi nerviosismo.
Al contemplar mi deseo de tomar el SIELE algún día, se me ocurrió un concepto: entre las cuatro habilidades del examen, leer y escuchar son formas de “consumir” el idioma, mientras que hablar y escribir son formas de “producirlo”. Producir algo activamente es claramente diferente de consumirlo de manera más pasiva. Se considera que producir requiere más energía y creatividad, involucrando distintas áreas del cerebro, quizás una función más compleja.
De igual manera, aprender las figuras de baile en clase es una cosa, y guiar un baile de pareja en una social[1] es otra. Aunque uno conozca ciertas figuras en teoría, es necesario aplicarlas en la vida real. Es decir, producir un baile a su manera es como juntar y conectar palabras para crear una frase. Así como una frase musical —equivalente a un compás de cuatro tiempos— puede contener una figura, varias frases se combinan para formar un párrafo. De este modo, un bailarín debería llegar a producir un conjunto de figuras de manera creativa, en correspondencia con la musicalidad. Producir es inevitable, y es evidente que la actividad de producir va más allá de la de consumir.
¿Tiene sentido esta analogía?
Quería producir. Quería ser más autónomo en la creación de mi baile. La razón principal por la que elegí competir como solista en lugar de hacerlo en pareja era que quería ser el único responsable de mi interpretación. Me encargo de todo yo mismo. Sin duda, colaborar con otra bailarina u otro bailarín también podría resultar beneficioso en el futuro. Sin embargo, antes que nada, me interesaba desarrollar mi autonomía y fortalecer mi independencia artística. Frecuentemente escuchaba comentarios como: “si mi pareja hubiera bailado mejor, habría mejorado mi baile”. Precisamente por eso quería ponerme a prueba sin depender de nadie y desarrollar mi aprendizaje de manera más efectiva.
Para el aprendizaje del baile se necesita práctica en solitario. Al poner música e intentar seguir los pasos de forma libre, uno puede ser más creativo y también comprobar si realmente baila en el tiempo correcto. Imitar únicamente los pasos de un maestro o una maestra, o seguir una clase grupal, no es suficiente para alcanzar la autonomía. Muchos perpetúan ciegamente los aspectos incorrectos o erróneos por mucho tiempo. Por ende, es importante practicar solo, investigar formas de mejorar y solicitar retroalimentación honesta de un experto o una experta. ¿Cuáles son las similitudes con el aprendizaje de otro idioma? Los profesores tienen el incómodo talento de detectar en diez segundos errores que nosotros hemos estado practicando durante años.
En realidad producir y consumir se retroalimentan. Un escritor necesita leer; un bailarín necesita observar y aprender; un hablante necesita escuchar. La autonomía artística, al igual que la competencia lingüística, no surge únicamente de la adquisición de conocimientos, sino de la práctica constante de producir algo propio. Cuando abandoné el escenario, aunque los errores técnicos que había cometido seguían rondándome la cabeza, lo más impactante era la libertad que había sentido durante esos minutos. Quizás aprender un idioma, bailar o crear cualquier cosa significativa consista precisamente en eso: reunir poco a poco las herramientas necesarias hasta que, un día, dejan de pertenecer a otros y comienzan a sentirse nuestras.
*Estudiante de Corea del Sur del curso Español 6
Profesora: Ana Paola Snyder
CEPE-Polanco, UNAM, Ciudad de México
Imagen: fotografía de Won Chan Lee intervenida con IA
[1] Se conoce como fiesta o reunión “social” al encuentro de una comunidad de baile (como salsa o bachata) cuyo objetivo es practicar, conocerse y, a veces, presentar ante el público alguna coreografía (N. de E.)
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