El último pasajero
Bita Ghasemi*
La silla metálica del aeropuerto había sido testigo del amor en los distintos idiomas del mundo. Veía a las personas envolver el amor en un ramo de flores para regalarlo; veía cómo, con amor, creaban fuertes abrazos de despedida. La silla metálica había visto el cansancio que, en los viajes de negocios, se arrastraba dentro de las maletas de un país a otro. Pero lo más interesante de todo eran los niños. Corrían, se subían a la silla y hacían que la espera en el aeropuerto se sintiera más corta.
Pero una mañana, cuando la silla del aeropuerto abrió los ojos, escuchó un sonido fuerte y extraño; un sonido que no se parecía ni al rodar de las maletas ni a una conversación en otro idioma. Su mirada se posó en las sillas de enfrente, que una a una eran arrancadas del suelo mientras otras nuevas ocupaban su lugar. Por primera vez, se sintió como un pasajero. Sintió el frío en su cuerpo metálico más intensamente que nunca.
Por primera vez escuchó el latido de los corazones de las personas que pasaban a su lado. Por primera vez escuchó el sonido del miedo y de la emoción ante la experiencia de algo nuevo, latiendo al unísono con esos corazones. Por primera vez oyó el sonido de los recuerdos que emanaban de las maletas. Los recuerdos se convirtieron en calor y abrigaron su cuerpo de metal.
Luego, mientras el sonido se hacía más y más fuerte, cerró los ojos lentamente. Ya no era una silla, sino el eco de todas las historias que había presenciado, el alma misma de la espera.
*Participante del II Concurso de relatos breves Hablando y escribiendo en español en Irán
Instituto de Lengua Española Alborz, Irán
Imagen: https://www.magnific.com (Airterminal/4045)
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