El español y yo
Naoya Kurishima
Yo, desde niño, quería ser oficial de policía cuando fuera adulto porque esa profesión significa ser un héroe para los niños nipones. El año 2014, al escoger la carrera para la universidad, me tocó la primera bifurcación de mi vida, la cual fue meterme a Derecho o a Lingüística, y seleccioné la segunda. Aquí les menciono que, en mi país, la carrera universitaria no tiene por qué tener relación con la ocupación, es decir, una persona que estudió Literatura puede trabajar como bancario; entonces, cualquier ramo de estudio que eligiera no afectaba el ser policía. Retomando el tema de selección de carrera, yo preferí Lingüística porque en el año 2013, un año antes de tomar el examen para la entrada a la universidad, Tokio, Japón, fue elegida como la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos 2020.
Yo en ese momento pensé: “para cuando yo sea policía, justo ese mero año se celebrarán los Juegos Olímpicos. ¡Debería saber idiomas porque vendrán un chorro de extranjeros a Japón!”; de esa manera podría ayudar a la gente, no solo a los japoneses, sino también a los extranjeros que visiten Japón. Decidí mi carrera universitaria y elegí el español para especializarme porque simplemente ese idioma me pareció “chido”.
En 2015, empezó mi carrera lingüística, en la que sufrí por las conjugaciones del subjuntivo y por todas esas “madres” con las que cuenta el español. Dedicaba todo el tiempo que podía para aprenderlo y, como resultado, me brindaron una oportunidad de ir de intercambio a México. Tuve dos opciones de país para ir a estudiar: España o México; yo quise el país de maíz porque consideré que, sabiendo el idioma, algún día me apetecería ir a España, pero si no aprovechaba ir a México esa vez, quizá nunca lo haría porque no tenía ninguna idea de esta nación. De esa manera, en agosto de 2016, pisé la tierra mojada, la ciudad de Guadalajara, por primera vez en mi vida. Mi primera estancia en la región tapatía duró un año, el cual me trajo muchos frutos valiosos para crecer como persona y obviamente se ha convertido en una página inolvidable en mi vida.
Ya que regresé a la universidad de Japón, me interesó la pedagogía de segunda lengua tras comunicarme con los compañeros que iban a ir de intercambio después, para contarles mi experiencia en México; y, en esos momentos, muchos de ellos me confesaron que se sentían inseguros de su competencia de español, por lo tanto, iniciamos a repasar sus clases juntos en mi tiempo libre. Unos meses después, mis compañeros a los que ayudaba me agradecieron por mi soporte porque sacaron una buena nota en los exámenes, y me pidieron que les diera clases tutoriales; de este modo, voluntariamente empecé a dar clases de español más sistemáticamente para los estudiantes de mi carrera. Contemporáneamente, yo tomaba materias pedagógicas por las cuales aprendí las teorías lingüísticas de Noam Chomsky, Stephen Krashen, Larry Selinker, Merrill Swain, etc., y me sorprendió el hecho de que ya habían explicado en teorías las cosas que experimenté en Guadalajara; me fascinó cuando las teorías coincidían con mi experiencia, por ejemplo, la teoría de monitor, el proceso de memoria, la influencia de la lengua materna en el aprendizaje de segunda lengua (ese tema fue el de mi tesis de licenciatura).


