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¿Por qué estudio español?

Nobuhiko Aiba

Como estudiante de bachillerato, me interesaban las antiguas civilizaciones maya y azteca. Estas civilizaciones fueron muy famosas en Japón, como la civilización de Egipto. Aunque fueron importantes en la historia del mundo, los textos de historia en que aprendimos los japoneses no incluían información detallada. Por lo tanto, deseé conocer más de estas civilizaciones después del bachillerato. Desde entonces, supe que quería estudiar arqueología mesoamericana en algún momento. Por este motivo, cuando era un estudiante universitario, elegí Arqueología entre diversos campos de estudio. En Japón había varios profesores especializados en arqueología mesoamericana. Uno de estos profesores me permitió participar en una excavación en El Salvador. Así que decidí ir allí y experimentar la excavación en Latinoamérica. Fue mi primer viaje al extranjero; gracias a esta experiencia, tuve mi primera oportunidad de aprender español en el país centroamericano.

La comunicación con los trabajadores locales fue importante durante la excavación, y pude completarla allí con ayuda de los trabajadores y la gente local. Sin embargo, mi español autodidacta no era lo suficientemente bueno como para entender el español real. Sentía que necesitaba mejorar mis habilidades de comprensión auditiva y expresión oral, y quería hablar más español. En aquel momento, pensé que, si hablaba bien español, podría entender a la gente de otros países. Luego del primer viaje a El Salvador, visité varias veces ese país para hacer excavaciones y cada vez mejoraba un poco más mis habilidades de español.

Después de licenciarme, pensé que quisiera ingresar a un posgrado para profundizar en la arqueología; conque me matriculé en un máster de posgrado para ampliar mis estudios arqueológicos. Leía varias tesis o artículos sobre arqueología mesoamericana para componer los antecedentes históricos de mi tesis cuando era estudiante de maestría. La mayoría de ellos suele escribirse en inglés. Esto se debe a que el inglés se considera la lengua franca del mundo y es el idioma al que cada vez están expuestos más investigadores. Por lo tanto, me resultó muy difícil leer literatura inglesa y hablar español durante mi estancia en Japón, debido a que no tengo la oportunidad de entrar en contacto con el español a diario. Para aumentar mis oportunidades de utilizar el español, decidí asistir a una clase de seminario de posgrado de lengua española. Allí, el profesor, que había estudiado en España, estaba leyendo los libros de Jorge Luis Borges, Rubén Darío, etc., con estudiantes de posgrado y de investigación. Al asistir a la clase con ellos y entrar en contacto con su español, quedé marcado con la profundidad de la expresión española. Gracias a esta clase conocí la literatura latinoamericana de Octavio Paz y García Márquez. Además de estudiar arqueología, me interesé por Lévi-Strauss y otros debido a la influencia del estructuralismo, y había leído Tristes trópicos y hablaba a la clase sobre mi impresión de El Salvador. La mayoría de las clases era en español, lo cual me seguía resultando difícil. Decidí que quería aprender español en el país. Entonces mi profesor de Arqueología me habló del programa de asociación Japón-México llamado Programa de Cooperación para la Formación de Recursos Humanos en la Asociación Estratégica Global entre México-Japón. Este programa me permitía ir a México a estudiar español mientras recibía una beca por CONACYT. Decidí unirme al programa porque pensé que sería una buena oportunidad para estudiar arqueología mesoamericana, ya que México es un país en el que han florecido y se han llevado a cabo excavaciones de muchos yacimientos arqueológicos, artefactos y civilizaciones famosas, y sus universidades son de un nivel superior a las de otros países latinoamericanos.

Sin embargo, un año antes de que comenzara el programa, se produjo una pandemia de COVID-19. Fue sin duda un acontecimiento que desbarató mis planes. La pandemia puso fin rápidamente a mi oportunidad de aprender español en serio.

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