Idioma, cultura, país: como es ser extranjero llegando sin saber nada de eso
Peter Himmelman
Aprender un idioma cuando eres adulto no es una tarea fácil, se requiere un esfuerzo para empezar y seguir ese camino. Hay diferentes rutas que se pueden tomar para que alcances esa meta. Una de las mejores es inscribirse a un programa intensivo, mientras estás en el país en donde se habla el idioma. Un ejemplo perfecto de dichos planes es el del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) en la CDMX, México. Cada curso dura seis semanas, con dos clases principales que tratan exclusivamente sobre la lengua. Además se incluye una clase de cultura. Son divididos en niveles que corresponden al nivel que tenga el estudiante. Llevo cuatro niveles en el CEPE —hay nueve en total— y más de un año conociéndolo.
Para comenzar, no hay mejor lugar para empezar con mi contacto con el español. Yo vi un comercial que trataba del aprendizaje del español cuando era niño. Pensé en ese momento que sería muy genial aprenderlo y tener el poder de comunicarse con otros en ese idioma. Desafortunadamente, no intenté seguir esa sensación que me tomó tan fuerte. Pero ni modo, ni siquiera quería aprender nada de inglés en ese entonces.
Más adelante, cuando tenía catorce años, tuvimos que escoger un idioma para aprender en la secundaria. Había tres opciones: alemán, francés y español. Puesto que la cantidad de hispanohablantes era mucho más grande que la de los otros dos, la elección fue fácil para mí. También debido al número de personas que hablan español en EE. UU., no tuve que pensar mucho en esa decisión. Allí empezó mi camino de aprendizaje.
Yo lo dejé por algunos años después de la secundaria y la preparatoria. Pero siempre he mantenido el interés por el idioma. De tal modo, usaba algunas aplicaciones móviles para continuar con el proceso de aprenderlo. Me ayudó con ese propósito, hasta el punto de que creí que yo estaría listo para conocer un país donde se hablara.
Busqué a dónde podía llegar desde la ciudad de Nueva York y qué era lo más económico. Gracias a esa búsqueda, en enero de 2016 yo salí de allí por primera vez, tomando un avión, también por primera vez aterricé en la Ciudad de México; en ese tiempo todavía era conocida como el D. F.
Me di cuenta de que no sabía casi nada de lo que esperaba tan pronto como llegué allí. Intenté comprar unos tacos en un puesto en camino a mi hospedaje desde el aeropuerto y fallé terriblemente. Solo le podía decir que quería tacos al taquero. Cuando me contestó sobre qué tipo quería, solo le repetía que quería tacos. Los que esperaban en la cola empezaron a pasar enfrente de mí a hacer sus pedidos. Me hizo sentir una tristeza y vergüenza enorme.
Creía que, al viajar por otros países en América Latina, mi nivel de español subiría. Pero yo descubrí algo sobre el mundo de los mochileros. ¡Casi todos hablan inglés! No importaba cuál país fuera, todos hablaban el inglés con un nivel muy alto. Me enteré de que también muchos de ellos no sabían nada de español y eran de países de Europa. A causa de eso, pasé casi un año viajando por países donde se habla la lengua sin que yo mejorara mucho mi habilidad para hablarlo.
Durante ese tiempo de exploración, yo he visitado los siete países que se encuentran en Centroamérica. El más único de ellos fue Belice, un estado que tiene una cultura muy distinta a sus vecinos.


