LOADING

Baches y topes en el aprendizaje de idiomas: un camino largo

Daniel Hirsch*

“¡Tope!”, gritó Raúl, mi exjefe y mentor en la Secretaría de Educación en La Paz, mientras manejábamos por la península rumbo a impartir talleres para maestros de inglés en Baja California Sur.

Cualquier persona que haya visitado México probablemente habrá notado los famosos baches y topes que forman parte del paisaje cotidiano de sus calles. Ya sea en una gran ciudad, como la Ciudad de México, o en un pequeño pueblo, conducir implica aprender a convivir con ellos. A veces aparecen de manera inesperada y resulta imposible evitarlos. Un bache es un hueco en el pavimento, mientras que un tope (que de vez en cuando también se llama “reductor”) es una elevación construida para obligar a los conductores a reducir la velocidad. Aunque puedan parecer molestos, ambos reflejan una realidad cotidiana en muchas partes de México: la necesidad de adaptarse constantemente a las condiciones del camino y de la vida.

Aprender otro idioma se parece mucho a recorrer esas calles mexicanas llenas de baches y topes. Como políglota que estudia y utiliza varios idiomas, entre ellos español, japonés, inglés, catalán y holandés, he experimentado personalmente estos altibajos del aprendizaje lingüístico. Hay días en los que siento que avanzo enormemente: logro comunicarme con fluidez, mantener conversaciones complejas y desenvolverme con naturalidad en distintos contextos culturales. En esos momentos, el aprendizaje parece casi automático y profundamente gratificante, casi como si fuera un hablante nativo.

Sin embargo, también existen días en los que aparecen obstáculos inesperados. A veces me siento distraído, confundido o incapaz de expresarme con claridad. Las palabras no salen como quiero y la comunicación se convierte en una experiencia frustrante. A veces incluso me siento agotado. Son esos “baches” del aprendizaje que obligan a reducir la velocidad y a prestar más atención al proceso. Del mismo modo, los “topes” representan las pausas necesarias: momentos en los que debemos detenernos, reflexionar y consolidar lo aprendido antes de seguir avanzando. Los dos son importantes.

Curiosamente, esta metáfora también refleja ciertos aspectos de la cultura mexicana. En México muchas personas desarrollan una gran capacidad de paciencia, adaptación y resiliencia frente a las dificultades cotidianas. Los conductores aprenden a reaccionar rápidamente ante los cambios del camino, y los estudiantes de idiomas hacen algo similar cuando enfrentan errores, inseguridad o confusión. En ambos casos, avanzar requiere flexibilidad, perseverancia, mucha paciencia y sentido del humor.

Además, investigaciones en psicología cognitiva respaldan esta idea. El concepto de desirable difficulties (dificultades deseables, en español), desarrollado por investigadores como Robert Bjork[1], sostiene que los momentos de esfuerzo, confusión y frustración pueden fortalecer el aprendizaje a largo plazo. En el caso del aprendizaje de idiomas, estas dificultades obligan al cerebro a procesar la información de manera más profunda, lo que mejora la memoria y la capacidad de comunicación futura. En otras palabras, los “baches” mentales no son señales de fracaso, sino una parte esencial del camino hacia la fluidez y la confianza.

Mis propias experiencias aprendiendo más de ocho idiomas me han enseñado que el progreso en los idiomas nunca es completamente lineal. De hecho, esas experiencias difíciles son precisamente las que más contribuyen al desarrollo lingüístico. Cada error, momento incómodo o situación frustrante obliga al estudiante a adaptarse, corregirse y buscar nuevas formas de expresarse. Gracias a esas experiencias mejoramos no solo nuestra capacidad de comunicación, sino también nuestra paciencia, resiliencia y comprensión cultural.

Esta idea también aparece reflejada en un conocido proverbio japonés: 「失敗成功のもと」 (Shippai wa seikō no moto), que significa “el fracaso es la base del éxito”. En el aprendizaje de idiomas los errores y las dificultades no representan el final del camino, sino una parte indispensable del proceso de crecimiento. Con el tiempo uno aprende que los baches y los topes no detienen el viaje; en realidad ayudan a formar mejores conductores y, del mismo modo, mejores hablantes.

En este viaje del aprendizaje del español aprendemos que los baches y los topes son esenciales y que, sin ellos, no podemos mejorar. A veces nos sentimos perdidos, pero esas dificultades forman parte integral del proceso. Buena suerte con tus estudios y que recorras este camino de emociones y descubrimiento con paciencia y confianza.

¡Ánimo y sigamos adelante!

*Estudiante de Estados Unidos del curso Cortometrajes y documentales mexicanos
 Profesor: Juan Carlos Campuzano
 CEPE-CU, UNAM, Ciudad de México

Imagen generada por IA


[1] Bjork, E. L., & Bjork, R. A. (2011). Making things hard on yourself, but in a good way: Creating desirable difficulties to enhance learning. Psychology of Learning and Motivation, 55, 55-92. https://www.researchgate.net/publication/284097727_Making_things_hard_on_yourself_but_in_a_good_way_Creating_desirable_difficulties_to_enhance_learning

 


Visiten el blog de la revista, donde podrán escribir opiniones y comentarios sobre este artículo:
https://floresdenieve.cepe.unam.mx/blog/index.php/2026/07/13/baches-y-topes-aprendizaje/