Estudiando español en el CEPE: redescubriendo la magia y el entusiasmo de vivir
James Smoley*
En septiembre de 2023 mi vida parecía perfecta en papel: era directora de una gran agencia de marketing, vivía en un encantador departamento en la ciudad y disfrutaba de vacaciones exóticas cada seis meses. Sin embargo, a pesar de esos logros, las mañanas me encontraban sin ganas de levantarme. Recordé momentos que alguna vez hicieron vibrar mi corazón: cenar con la realeza de Abu Dhabi, entrevistar a desconocidos en las vibrantes calles de Estambul o ver la nieve por primera vez en Nueva York. Lo que me faltaba era una conexión profunda con otras culturas.
Mi impulso para cambiar fue tan repentino como reconfortante. Recordé mi primer viaje a Ciudad de México en noviembre de 2019, cuando estudiar español se transformó en una pasión sin precedentes. Entre fiestas latinas, la inigualable calidez de la gente y el misterio de una historia de más de 2 500 años, encontré en México ese abrazo que siempre había esperado. Decidí dejar atrás Australia, pausar mi vida de “éxitos” y lanzarme a la aventura en un país que prometía redescubrir la emoción y la inspiración que tanto anhelaba.
Primeros seis meses: enamorándome aún más de la cultura y la gente mexicana
Llegué a la Ciudad de México en enero de 2024 y me inscribí en las clases intensivas de español en el CEPE, ubicado en el campus de la UNAM, reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Este fue el escenario perfecto para sumergirme en la esencia mexicana. Cada semana hacíamos, junto con compañeros, excursiones que nos mostraban el arte, la historia y la arquitectura de la ciudad, y cada lección se llenaba de curiosas anécdotas que despertaban mi fascinación.
Durante esos primeros seis meses, no solo profundicé mi dominio del idioma, sino que descubrí la vibrante energía de la cultura mexicana. El ambiente mágico del CEPE me impulsó a abrirme a nuevas aventuras: decidí cursar un Diplomado en Estudios Mexicanos, unirme a comunidades diversas y lanzarme a experiencias insólitas que me ayudaran a reconectar con la vida. Cada día era una invitación a descubrir un rincón diferente, ya sea a través de un paseo matutino con mi café de olla o de una charla apasionada con nuevos amigos.
La aventura en la televisión mexicana
Un giro tan inesperado como divertido ocurrió en octubre de 2024. Mientras exploraba Coyoacán con mis inseparables amigos de CEPE, Alina y Ben, me encontré haciendo fila en El Kiosko para disfrutar de un helado. Entre risas y miradas cómplices, noté a un guapo mexicano, Alexis, que me observaba con insaciable curiosidad. Al comentar lo atractivo que me parecía, mi amiga insistió en que nos acercáramos a conversar.
Con mi español entre titubeos y una mezcla de nervios y emoción, inicié una charla que pronto se transformó en una propuesta descabellada y divertida: “Si crees que soy atractiva, ¿vendrías a un reality show para tener una cita conmigo?”. La frase quedó suspendida en el aire; mi mente daba vueltas entre la sorpresa y la risa, y respondí entre risas un tembloroso “¡Ooooh, sí!”. Así comencé mi andanza en el programa Enamorándonos en Imagen Televisión. Participé en dos episodios donde, entre bailes, risas y charlas a medio español, el amor parecía un juego de improvisación. Aunque al final no se encendió la chispa romántica, la experiencia me regaló innumerables anécdotas y la firme determinación de perfeccionar mi español para futuras aventuras amorosas en la gran pantalla.
*Estudiante de Australia del curso Cultura mexicana en doce crónicas
Profesor: Horacio Molano
CEPE-CU, UNAM, Ciudad de México


